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As portas del viaje del Presidente Sebastián Piñera a Brasilia, el Canciller brasileño afirmó a “El Mercurio” que los dos países “están destinados a ser socios estratégicos en la construcción de una América del Sur más unida y próspera”.

AMANDA MARTON RAMACIOTTI

Aloysio Nunes apuesta hoy más que nunca por una política exterior que busque resultados, no afinidades ideológicas. El Canciller brasileño, crítico de los gobiernos anteriores del Partido de los Trabajadores (PT), quiere que su país vuelva a ser visto como “un constructor de consensos” en la región.

Ex guerrillero izquierdista, Nunes (73) fue exiliado durante la dictadura militar (1964—1985) y hoy es miembro del Partido de la Social Democracia Brasileña, el principal aliado del Presidente Michel Temer.

Consciente de que forma parte de un gobierno de transición, asegura que quien gane las elecciones presidenciales de octubre tendrá que “dar continuidad y profundizar las reformas necesarias para garantizar el crecimiento sostenido y el bienestar de la población”.

Lo que, a su juicio, se hará en un contexto favorable: “el actual gobierno ya señaló el camino, puso las cuentas públicas en una trayectoria positiva y va a entregar un país con inflación controlada, crecimiento económico y una mayor confianza de los consumidores e inversores".

A días de la llegada del Presidente Sebastián Piñera en Brasilia —donde se reunirá mañana con su par brasileño y con Nunes—, el ministro de Relaciones Exteriores analiza en esta entrevista por escrito con ”El Mercurio” las relaciones entre ambos países y define como ”una prioridad" el acercamiento entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico.


—Durante el gobierno de Temer, Brasil se alejó de países bolivarianos como Venezuela —con el cual el PT siempre tuvo buena relación— y se acercó, por ejemplo, a Argentina. ¿Cuál es la posición actual de Brasil en la región?

“En realidad, fue el actual gobierno venezolano el que se alejó de Brasil, del Mercosur y de otros países de la región al optar por la vía autoritaria. La posición de Brasil sigue siendo la misma. La política externa brasileña tiene como objetivo permanente, incluso por mandato constitucional, la integración regional. Pero queremos una integración que beneficie a la población, que se base en la democracia y en los valores compartidos.

Ya no hay lugar en América del Sur para retrocesos autoritarios, para violaciones deliberadas y sistemáticas a los derechos humanos y a las libertades fundamentales. Hoy existe una convergencia muy grande entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, así como con Chile, los demás miembros de la Alianza del Pacífico y otros países sudamericanos sobre la necesidad de contribuir para que los propios venezolanos encuentren el camino de la concordia, del diálogo y de la democracia. Brasil seguirá siendo un constructor de consensos en búsqueda de una región pacífica, democrática y cada vez más integrada económica y socialmente”.


—Se acerca el primer viaje del Presidente Piñera a Brasilia, después del encuentro que Temer sostuvo con el canciller chileno Roberto Ampuero la semana pasada. ¿Cómo ve usted la relación entre ambos países?

“Las relaciones son excelentes. Brasil y Chile están destinados a ser socios estratégicos en la construcción de una América del Sur más unida y próspera. Tenemos una visión política común sobre una América del Sur pacífica. Compartimos valores que deseamos para nuestras sociedades —la democracia, el respeto a los derechos humanos— y para nuestra región. Brasil es el principal socio comercial de Chile en Sudamérica y nos enorgullece concentrar el mayor stock de inversiones externas chilenas en el mundo. Nuestros países comparten el deseo de una mayor integración económico-comercial entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, y la integración física entre las costas del Atlántico y del Pacífico de nuestra región. Yo dije el otro día al canciller Ampuero que una 'amistad sin límites' une a nuestros países. Creo que es una buena fórmula, porque dice mucho de qué nos acerca y qué nos inspira hacer juntos en la región y en el mundo”.


—El gobierno del PT decía que la política externa de Brasil era “activa y altiva". ¿La gestión actual mantuvo esa visión? ¿Cuáles son los principales cambios que usted implementó?

“Ese rótulo fue creado durante el gobierno de Lula da Silva. Como todo rótulo, no necesariamente corresponde a su contenido. La diplomacia presidencial de Lula ganó visibilidad, ayudada por un líder carismático, que representaba una novedad y se benefició de una economía favorable. También hubo mucho marketing, con discursos altisonantes que no siempre se tradujeron en ganancias reales. Como decía Joaquim Nabuco —autor de un importante ensayo sobre el Presidente José Manuel Balmaceda—, uno no se vuelve más alto por saltar. El principal cambio que hice fue traer la política externa a su lecho tradicional: buscar resultados concretos, sin contentarnos con la retórica autocomplaciente; contribuir para modernizar la inserción económica de Brasil en el mundo y retomar una política de vocación universal. No creemos en lineamientos automáticos de ningún tipo”.


—Brasil viene saliendo de su peor recesión desde la vuelta a la democracia y el FMI mejoró su proyección de crecimiento para un 2,3% en 2018. Cuando usted asumió la Cancillería, puso énfasis en una política exterior comercial. ¿Cómo evalúa actualmente la relación del país con la Alianza del Pacífico?

“El acercamiento entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico es una prioridad y hace parte del esfuerzo más amplio de modernizar la inserción de Brasil en la economía internacional. El acercamiento entre esos dos bloques es uno de los temas más promisorios de la agenda económica de América Latina. Juntos, Mercosur y la Alianza del Pacífico, responden por más del 90% del PIB y de los flujos de inversión directa extranjera en la región, y, sumando 470 millones de personas, representan un 80% de la población de América Latina y el Caribe.

Creo que es importante recordar que el acercamiento entre los dos bloques no es algo que empieza de cero. Ya tenemos una importante red de acuerdos comerciales entre el Mercosur y los países que hoy integran la Alianza. Por fuerza de esos acuerdos, en 2019 alcanzaremos una virtual zona de libre comercio en América del Sur. Sobre esta base, adoptamos en 2017 una hoja de ruta para el acercamiento del Mercosur a la Alianza del Pacífico, con foco en resultados concretos. Creemos que es posible aprovechar mejor los acuerdos comerciales existentes, simplificar y agilizar trámites de comercio exterior, e incentivar una mayor interacción empresarial. En ese espíritu, Brasil propuso la adopción de un acuerdo de facilitación de comercio entre los dos bloques, en línea con los compromisos que todos asumimos en el Acuerdo de Bali de la OMC”.


—La crisis en Venezuela ha repercutido en Brasil, especialmente en el estado de Roraima, donde miles de venezolanos buscan refugio. ¿Cuál ha sido la postura de Brasil y cómo pretende enfrentar la presión en la frontera?

“El ingreso de miles de venezolanos en búsqueda de refugio es una consecuencia directa del clima de autoritarismo, anomia y descalabro económico que hoy vive nuestro vecino. A pesar de todas las dificultades, Brasil ha acogido un gran número de migrantes venezolanos y continuará haciéndolo. Fui refugiado y entiendo bien la importancia de la acogida. Temer ha sido bastante enfático al decir que Brasil mantendrá sus fronteras abiertas (…) Nuestra prioridad es garantizar una acogida digna, en cumplimiento a la ley brasileña y a nuestras obligaciones internacionales”.


—¿Cree que la región debe dar una respuesta conjunta, como establecer cuotas de refugiados o sanciones & Maduro?

“Pese a que la región esté dispuesta a dar su contribución para el regreso de Venezuela a la democracia, este es un proceso cuya conducción cabe primordialmente al pueblo venezolano. No es de tradición ni de filosofía diplomática brasileña recurrir a sanciones diplomáticas. Brasil solamente aplica las sanciones multilaterales, de acuerdo con la Carta de la ONU y otros instrumentos jurídicos internacionales. Como presidencia pro tempore del Mercosur, el año pasado lideramos la aplicación de la cláusula democrática, que suspendió a Venezuela del bloque. También prohibimos la exportación de armas y artefactos que puedan ser utilizados en la represión política. No creo que cuotas de migración sean adecuadas".


—Hace unas dos semanas, Lula, el líder más popular del país y muy reconocido en el exterior, fue encarcelado. Mientras algunos dicen que eso demuestra que el sistema judicial funciona, otros acusan una persecución política. ¿Cómo impacta su detención a la imagen del país?

“Puedo comprender la lógica del PT de buscar transformar a Lula en un 'preso político' para consumo externo, para movilización de su militancia. Es parte del juego político. Pero no podemos cuestionar la independencia y el funcionamiento de las instituciones democráticas brasileñas, del Poder Judicial, del Estado de Derecho. La prisión del ex Presidente respetó el marco legal, fue transparente, se dio después de una amplia defensa y del debido proceso legal. Claro, ¿qué país no tendría su imagen debilitada con la prisión de un ex Presidente? Es triste, digo esto como ciudadano brasileño. Pero tal vez sea este el doloroso proceso de construcción de un país en que las leyes son iguales para todos. Quiero creer que esa imagen prevalecerá en el largo plazo, la de un país que da pasos concretos, dentro de la legalidad y de la democracia, hacia un sistema político mejor. Al final, son pocos los países que cuentan con instituciones como las brasileñas, dotadas de independencia y madurez, capaces de tomar decisiones de esa envergadura”.

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